martes, mayo 16, 2006

MAGISTRAL…

magistru…MAESTRO

A veces puedo caer inconcientemente en lo reaccionario, pero si hoy lo hago es deliberado porque a pesar que los años y su contexto nos llenan cada vez más de 'eventos' y 'caridades', hay fechas que no se pueden dejar pasar, por lo menos más de un día, sólo un día para que en ese día las opiniones de los que quieren darse su toque de popularidad queden relegadas a su expectativa populista de nuevos eventos…

Luego cuando pasa el día de ellos (de los oportunistas) y antes que se adormezcan nuevamente nuestros ojos en lo cotidiano, llamo la atención con respecto a la importancia y al impacto de ser MAESTRO, y sin expectativas de reconocimientos caritativos, ni para mi ni para nadie (que sólo degradan a todos menos a quienes los hacen), quiero resaltar y hacer explícitos tres elementos:

El primero, que hasta el éxito de los verdaderas personas exitosas surge en su formación (sobre todo en su formación crítica para romper paradigmas y en apropiación de valores para ser cabal), y si uno de estos seres grandes está en la potencialidad de hacer muchas cosas es porque tuvo algunos MAESTROS cuya responsabilidad logró llevarle a donde está, o en otras palabras, si el profesor del colegio no hubiese asumido con integralidad la formación de aquel niño, éste no hubiese llegado a su formación superior, y si el profesor de la U (o el profesor de la vida) no hubiese asumido también integralmente su misión de formar a aquel joven, tampoco este, que llegó a ver alto (profesional o no), estaría donde está (obviamente asumiendo que lo haya hecho con ética y esfuerzo como lo hacen los seres verdaderamente grandes), y es en ese marco en el que nos debemos preguntar lo siguiente: ¿qué labor o qué profesión es más trascendente?.

El segundo, que no es aceptable que alguien que se cree y se hace llamar padre pero que no es capaz de dejar de ver un reality o un partido de futbol para compartir y ayudar a su hijo a aprender y/o a aprender con él (más que a cumplir una tarea), tenga el derecho a criticar ni siquiera al profesor más mediocre o menos preparado, porque la responsabilidad del padre es siempre mayor, haya traído deliberadamente o no a sus hijos, pague lo que pague por su pensión, y sobre todo porque no se puede estructurar una sociedad desentendiéndose de los hijos ni delegándolos así sea a los mejores MAESTROS, si dichos hijos no tienen familia.

Y el tercer elemento, que los verdaderos y buenos MAESTROS son conscientes de su importancia, de su responsabilidad y de la necesidad de ser los mejores, de manera que no sólo se esfuerzan por cumplir cabalmente su misión (que en un contexto social que les trata peyorativamente es casi un desafío), sino que están dispuestos a actualizarse constantemente y a crecer con todas las implicaciones de dicho mejoramiento, como el ser evaluados, y ojalá que los que salieran muy bien cualificados (en un marco de evaluación válido) sean recompensados mejor que cualquier otro profesional (y lo digo como ingeniero), así como que los que salieran mal -y no asumieran mejorar-, se dedicaran a otra cosa, que para gente sin competencias hay una “patria que cada día está mejor…”

Así pues, vale la pena re-descubrir la incidencia, el impacto y sobre todo la importancia de ser MAESTRO (importancia minimizada por la irresponsabilidad de los medios sumada a la poca postura crítica y al desmoronamiento de la familia). Luego no es pasar factura, es darse cuenta de la trascendencia que tiene el ser MAESTRO, es ser conscientes que deben (debemos) ser los mejores, y que como a los mejores se les (nos) debe reconocer.

Un gran agradecimiento entonces a la vida por haberme permitido tener los MAESTROS que tuve, buenos y no tan buenos o mejor… pertinentes y no tan pertinentes (por lo menos para lo que yo quería), un agradecimiento inmenso en primer lugar a mis padres que han sido los mejores y los más amorosos MAESTROS que he tenido, luego a mis profes de todos los colegios por los que pasé porque aprendí de todos y porque todos me escucharon, luego a mis profes de la U que me enseñaron ingeniería en la Universidad Nacional, como también a los que aprendieron conmigo y que siendo mis compañeros me enseñaron y apoyaron, también a los que fueron docentes cuando fui docente y por último a los más grandes y de quien aprendí más: los niños, porque ellos, sobre todo los más pequeños, me enseñaron el porqué debo luchar, me enseñaron a tener los ojos abiertos a la vida, y le enseñaron a mi vida a creer, a querer crecer y a crear… o si no, observen a un niño haciendo todo lo que creemos que no puede hacer con una sonrisa en sus labios.