viernes, agosto 04, 2006

La educación y el buen amor


Ahora que ya puedo mirar un poco atrás (una de las ventajas de haber pasado los treinta y de pertenecer al 'mercado del usado'), veo que las relaciones de pareja, o mejor, las relaciones que involucran amor sexual (que no necesariamente son de a dos ni heterosexuales pero que para el caso aplican), se dividen en tres escenarios:

El primero es el que yo llamo APDP, por Afecto-Patético-Dependiente-Posesivo, en el cual las personas se 'amarran' el uno al otro en función de lo que les gustaría que el otro fuera y no de lo que el otro es en realidad.

Los hombres se cuadran con las niñas en la medida en que les parezcan 'bonitas', siendo ese bonitas una referenciación social (entre más se parezca a una modelo más interés sienten por ellas), y las mujeres se cuadran con los hombres por el poder (circunstancial) de estos, por su interés de tener pareja y por su afán de 'querer', ya que de acuerdo con los medios, 'grandes referentes y maestros de la sabiduría y del progreso de la sociedad occidental' (ironía), la mujer no se realiza si no se entrega y mucho menos si se queda sola, es más, según estos y la sociedad que traga entero, el quedarse sola no es una decisión... es una maldición.

En este escenario ambos esperan que el otro sea distinto a lo que es. Es acá cuando las mujeres piensan que al pasar el tiempo (o finalmente les den gusto) los hombres van a dejar de ser como son y cambiarán y se convertirán mágicamente en lo que ellas han 'soñado' toda la vida. Mientras tanto, los hombres se acostumbran a sentirse dueños de las mujeres con las que están, a pesar que no tengan nada en común ni se conozcan siquiera (ni a sí mismos ni a su pareja) pero eso sí, no querrán perder sus 'trofeos', y muy a pesar que no haya crecimiento individual (lo cual no se toman el trabajo de evidenciar), a pesar que ni siquiera vislumbren una realización personal independiente (no se piensa por sí mismo sino en función de la aprobación de la pareja), y a pesar de la necesidad del llanto (porque 'entre más te sufro más te merezco') y de las peleas (este tipo de relaciones se caracteriza por la cantidad de peleas que se presentan pues se hace necesario generar pugnas para al cabo de estas reconciliarse y volverse a sentir bien), ni los unos, ni las otras, van a salirse fácilmente de las tormentas que forman, ni tampoco de la insensatez que arman por el miedo a quedarse solos, o por el miedo a perder lo que creen que es suyo, y lo que es más patético, en los peores momentos es cuando 'casualmente' llegan los hijos, y frente a eso, sólo queda la costumbre, el "deje así", y una lucha por criar (trabajar para comprar TV, libros, pagar cuentas, bonos, colegios, niñeras y regalos que reemplacen la compañía) y mostrarse socialmente como 'los grandes padres que dan lo mejor'. Acá es importante acotar que no digo que no se amen a los hijos, todos tenemos amor dentro y la naturaleza más transparente del amor es dar, pero lo que sí digo es que una cosa es amar y otra es hacerlo bien… tan bien como para traer hijos al mundo como consecuencia de un BUEN amor.

El segundo escenario es el que yo llamo el de la valoración. La verdad y por lo que yo creo (total es mi blog y como siempre y a pesar de todos los argumentos que siempre doy no desconozco que es sólo mi punto de vista), pienso que a este escenario ya llegan muy pocos, y que para llegar acá es necesario haber pasado de una u otra forma por el primero.

En este segundo escenario, las personas ya han evolucionado (por decirlo de alguna forma), ya han superado, o por lo menos se han cuestionado los paradigmas sociales que respiran, y se valoran por lo que son (tanto lo bueno como lo malo) y no por lo que les gustaría que fueran sus parejas...

Me gustan tus ojos no porque sean claros,
sino por lo lejos que ven en el horizonte y por la forma en que me miras,
me gusta tu boca no porque sea sensual,
sino por lo que dice de tu pensamiento y por la forma en que me besa,
me gusta tu cuerpo no porque sea de reina,
sino por su fortaleza para construir tus sueños y por la forma en que me abraza
cuando hacemos el amor
(Alejo Martínez, inédito en Gotas de Luna, 1997)

Así como las personas descubren la verdadera belleza (y su belleza) en el otro, así mismo descubren todos sus valores y están juntos, -o por lo menos procuran estar juntos-, por lo que son y no por lo que quisieran que el otro fuese.

Sin embargo y a pesar que este escenario es de mucha más calidad y mucho más reducido, el valorar a la pareja tal cual es, no es suficiente para efectos de un buen amor y mucho menos para construir complicidad, ya que valorar bien, no garantiza que exista o que se cuente con aquel elemento que sí aparece en el tercer escenario.

El tercer escenario es el que yo he llamado el de la 'media mandarina', y lo he llamado así porque si el anterior era pequeño, este sí que lo es aún más, y aquí aplica preguntar la validez de las teorías que hablan de las almas gemelas, y es que yo creo que muy pocas personas llegan a este nivel, y si lo miramos objetivamente (positivismo cuantitativo) no puede ser de otra forma, pues lo más valioso y esencial que cada ser lleva y es dentro de sí, no necesariamente fluye y se construye de la manera más simplona y fácil (a veces parece que no sabemos valorar lo que no nos ha costado). Este tercer escenario se caracteriza por tener lo que tiene el segundo más un 'detallito': LA COMPATIBILIDAD.

Quien está al lado de alguien a quien valora por lo que es y por quien se es valorado de la misma forma, y con quien además se es compatible, tiene la fortuna de aquel que encuentra su alma gemela, porque cuando siendo como se es, se comparte con alguien con quien se puede fluir, y no hay obstáculo para realizarse y ser feliz, porque ambos (o los tres, o como sea) crecen para sí mismos y pueden lograr sus objetivos y sueños, sin sacrificar ni anular a nadie, y sin ser sacrificados ni anulados por nadie, y por el contrario con el apoyo libre, desinteresado y fluido de su pareja.

Acá es importante llamar la atención en algo, y es que como me decía mi primera novia: “el amor es eterno mientras dura”, y así se viva y se construya en el tercer escenario, nada ni nadie (y no hay porque), puede pretender que este escenario sea eterno, luego si la pareja en su crecer decide separarse o irse, es tan respetable como si decide quedarse como estrategia para seguir creciendo y seguir logrando sus sueños (a los proyectos hay que evaluarlos constantemente, pues si en determinado momento es más costoso mantenerlos, que detenerlos y asumir las pérdidas, hay que hacerlo con entereza), pero lo que sí es cierto es que de todos, en este escenario es en el cual deberían nacer los hijos, y lo que sí es cierto también, es que en este escenario la niñez crecería no sólo amando, sino aprendiendo a hacerlo bien.

A veces me imagino que si la gente se educara (nos educáramos) para valorarse en contexto, para aprender de sí mismos, para valorar y aprender de las experiencias, y para valorar sus contextos y a sus semejantes (lo anterior es lo que yo llamo EDUCACIÓN), no degradaría (degradaríamos) tanto al amor, y por el contrario tendría (tendríamos) la grandeza para además de amar, saber amar y como consecuencia de eso amar bien.


En fin, si el 'amor' se mendiga no es amor... por el contrario el buen amor se construye con altura y con quien esté a la altura, y si no, no vale la pena el desgaste y siempre será mejor un "deje así" y, -o quedarse solo-, o abrir el escenario para construir complicidad con quien sí aplique