¿Apátrida?
Para dejarlo clarito de una vez por todas, y haciendo explícito que este blog es mi tabla de catársis en la que procuro ser coherente con lo que mi padre me enseñó observándome a mi mismo de vez en cuando ("mijo, sólo hay dos seres con quien compararse: con quien uno fue y con quien uno quiere ser"), quiero expresar mi 'colombianidad'.
Empiezo por resaltar que para mi la gratitud es quizá el sentimiento más constructivo, porque además de estructurarse sobre el paradigma del dar evidencia apertura al crecimiento y matiza el ambiente con colores armónicos, por tanto, reconozco que me siento 'orgulloso' de ser colombiano, y que ese orgullo está asociado a la gratitud por mi pensamiento, es decir, no hubiese sido quien fui, no sería quien soy, y no aspiraría a ser quien voy a ser, si no hubiese nacido en Colombia.
Ahora, tal vez no sería yo si mis padres de manera amorosa no hubiesen compartido conmigo tantas jornadas en el llano o en la montaña, y eventualmente (muy eventualmente) en la playa, pero creo que eso tiene que ver más con el amor de ellos que con creer que la arena de Ladrilleros, del Tayrona o Santa Marta, es diferente a la de otras playas en el mundo, o con pensar que la noche estrellada de Chingaza, Villa de Leyva o San Martín, no se puede ver en otros lugares del planeta, en otras palabras, mi gratitud con la vida por haberme enviado a este rincón del universo hace algunos años, no es por lo 'bella' que es Colombia, porque además la belleza es relativa y requiere de la fealdad para existir validando lo grotesco y las comparaciones denigrantes, es porque al haber nacido y crecido acá, soy quien soy, y sin necesidad de compararme con terceros (siendo coherente con lo que Don Efraín me enseñó) sé que además de ver lejos en el horizonte, piso con firmeza dejando mi huella en cada paso, sabiendo para donde voy y lo que afecta mi pisada. Y no digo que Caño Cristales -lugar que sueño conocer-, sea desagradable, o que en general la selva y el llano (que es media Colombia des-conocida para la mayoría) no sean paraísos, o que el tener dos mares podría llegar a ser una bendición, pero una cosa es eso y otra administrar en contexto y de manera sostenible dichos tesoros. Y aquí una gran paradoja, ¿se puede sentir orgullo por algo que no hemos construido y que por el contrario, por acción u omisión hemos ayudado a destruir?
Por otro lado y sin necesidad de ser un experto en coaching o en gestión del cambio, cualquiera sabe que es muy difícil mejorar algo que se cree está perfecto, y esto no tiene que ver ni siquiera con romper paradigmas, es la naturaleza misma y su tendencia al mínimo gasto de energía. De manera que si se quiere mejorar algo, lo primero es reconocer que es mejorable, y desde esa lógica, siempre será más factible mejorar a la gente que administra algo, que a ese algo que se administra, es decir, difícilmente se pueden crear cordilleras, llanuras o playas, porque son el resultado de millones de años de historia, pero cambiar las actitudes y las estrategias de quienes viven de, y en dicha naturaleza, sería tal vez más sensato.
Luego si Colombia en realidad fuese un estado democrático, con una constitución política que fuese más que un papel, con independencia, autonomía y responsabilidad histórica, con un respeto estructural a la vida y sobre todo con un futuro sostenible, equitativo, participativo y promisorio, tal vez ahí sí sería válido sentirse orgulloso de formar parte (y parte activa) de esta sociedad, pero cuando la democracia es el nombre que se le da al manejo abusivo del poder sustentado en el temor y en la ignorancia de la mayoría, cuando la constitución se transforma dependiendo de los intereses particulares y es letra muerta, cuando el estado no es autónomo en sus políticas y decisiones y reparte la riqueza a su antojo, cuando se es irresponsable con quienes dieron su vida creyendo en un escenario mejor para todos, cuando la vida misma, la historia, la familia y la dignidad no vale más que una bala, un des-acuerdo o una noche oscura, cuando se explotan los recursos naturales de manera insostenible (entiéndase por sostenibilidad el criterio para desarrollar una sociedad permitiendo que las nuevas generaciones tengan por lo menos las mismas posibilidades de desarrollo) y cuando se degrada el talento humano y el conocimiento de las personas, en función de los contactos y el status quo, la verdad, uno piensa dos veces el sentirse orgulloso, porque nadie que tenga los ojos abiertos, visión de largo plazo, valores estructurales y conocimiento de causa con respecto a la cruda realidad colombiana, se puede sentir muy afortunado de formar parte de una sociedad cuyos "proyectos de desarrollo" (negocios) más grandes (el gobierno, el sector minero y la infraestructura) se caracterizan indistintamente por la mentira, por la corrupción, por la ineptitud y por el abuso de poder, y mucho menos -y desde una perspectiva global-, ningún ser trascendente se siente orgulloso de una sociedad que como un todo, resulta tan degradante y es cómplice del subdesarrollo y de una de las peores inequidades del mundo. Y en este punto quiero hacer un paréntesis para quien no puede creer lo que digo, y refutar su tendencia a pensar que el mundo es sólo lo que le rodea, pues la verdad no es esa, y en Colombia, por cada persona que se gradúa como profesional hay 6 que jamás tomarán clase en una universidad, por cada persona que está empleada con seguridad social (así sea recibiendo el salario mínimo) hay 4 que no tienen un ingreso fijo, y por cada persona que tiene suficiente cultura, educación, recursos y contactos como para vivir cómodamente en otro país, debe haber al menos 9 que sueñan con eso y que jamás lo conseguirán. Lo anterior como ejemplos que buscan, más que hacer explícito lo que no se quiere ver, comprender algunas de las razones de la economía subterranea y del rebusque en los que se sustenta la mayoría de la población colombiana, así como el contrabando, el narcotráfico, el cortoplacismo, la violencia y la inequidad, entre otras tantas realidades de este país, tan reales como la tierra que pisamos, la 'belleza' de nuestros paisajes y la vulnerabilidad de nuestra diversidad biológica.
Mi padre también decía: "mijo, si algo no le gusta, o lo cambia o no se queja" y quizá sea esa la otra razón -además de la gratitud-, para estar aún acá. De manera que estoy aún en Colombia porque considero que mi conocimiento, mi plan de vida y mis proyectos laborales, pueden impactar en alguna medida al desarrollo de esta sociedad tanto como yo, como ser individual, puedo impactar a mi círculo más cercano (mi familia, mis amigos y las personas que más amo) que son finalmente con quienes construyo el presente que respiro y coloreo.
Por último quiero resaltar tanto las 3 cosas que odio de la idiosincrasia colombiana y que serían suficientes para irme: "el deje así", el pensar que la gente son los demás y el jugar a las escondidas tapándose los ojos, como las 3 razones para quedarme: el aportar para cambiar dicha realidad, el seguir creciendo y el compartir con quienes amo. Luego si soy un apátrida para algunos, por no comerme el cuento que Colombia es pasión (que da a entender que Colombia es más un rumbeadero y una finca bonita que una sociedad sensata que se desarrolla) y por hacer evidente, con datos y estadísticas lo que la mayoría de la gente no ve, también soy un gran Colombiano (sin pretender ser un héroe o un 'patriota') para mí mismo, para los seres que amo y con quienes siento responsabilidad histórica y a futuro, y eventualmente, para aquellos -que como yo- creen en forjar sus sueños, de manera sensata y estructural, en este rincón del planeta llamado Colombia.