El sino triple P
Tal vez el estudio etnográfico de mayor impacto en los últimos tiempos, y que a propósito, de formal (aparentemente) no tiene nada, es “Pelota de letras” la obra de Andrés López (Andrew Lofish para mis amigos anglo-parlantes), y es que si bien es cierto puede estar enfocado un poco en la clase media emergente y en su interés por emerger (o por no hundirse en la pobreza), devela de una u otra forma ese afán inercial e inconciente por el éxito triple P (Presencia, Poder y Plata).
La Presencia, más que el hecho en sí mismo de estar en algún contexto, hace referencia a la belleza social y por ende a la aceptación social, a aquella que tiene que ver con cumplir con los referentes del físico, de la moda, del estilo y de las relaciones con otros. El Poder, es de una u otra forma la capacidad de hacer lo que uno quiera, pero más que eso (porque eso no está mal si se es grande), el poder se entiende como que los demás hagan lo que uno quiera, es algo así como sentirse Dios o tal vez sean los rezagos y la necesidad de ser amos tras siglos de esclavitud. Por último, la Plata, el “vil metal”, que en principio se creó como una estrategia más práctica y holística de intercambio comercial, se convirtió en sí misma en la razón de ser del esfuerzo, de la dedicación y de la realización y vida de las personas. :(
Bien, la Presencia, que debe venir de pre-esencia o lo que esté antes de la esencia (no se si sea cierto pero me parece genial para lo que quiero decir) viene a ser como la fachada, que claro, genial que sea bella y más que eso transparente (como cuando nacimos), y de hecho así es cuando dicha belleza es consecuencia de la esencia, y no a pesar de la esencia. Imaginemos por un momento que todos somos “perfectos” desde el punto de vista de la moda y todo eso, todos iguales, de vitrina, sin elementos que nos diferencien, ¿será que ahí si la fachada vuelve a ser fachada y empezamos a buscar dentro?, o de tanto luchar por la fachada ya se nos habrá olvidado lo que trasciende y nos terminemos preguntando ¿y esto para qué sirve?. ¿Han visto el video de la mujer que no tiene brazos y que hace todo con los pies?, que podría incluso hasta dispararse si fuera tan, pero tan simple como las personas (de)pendientes de vomitar todo el tiempo para que otras personas (peor de simples) las acepten. Parece que lo valioso hoy por hoy increíblemente es eso, y es así de manera lógica porque lo vacío no tiene nada que ofrecer, porque sumar fachadas da la “apariencia” de profundidad y crea la bien ponderada masa, porque como no hay nada por dentro, o mejor, porque como nos hemos encargado de matar todo lo que teníamos cuando nacimos, no vale la pena hacer el esfuerzo de mirar para dentro o pensar lo valioso de otra forma. ¿Han visto acaso el video del señor que tampoco tiene brazos y que es guitarrista y que hasta el Papa se quedó sin palabras al verlo?, ¿han visto el video del señor que baila salsa y que le falta una pierna?, ¿quién creen ahora que es grande?, ¿el de la vitrina o el que está por encima de eso?, para mi, más grandes aún que estas personas, que son ejemplos de vida, son aquellos que son lo suficientemente inteligentes para crecer al lado de ellas, a pesar de la fachada y del peso de la sociedad, y para mi es así porque son capaces de mirar dentro, y desde adentro, ver más lejos que lo obvio. Recuerdo también una frase que leí de Lao-Tse: “las palabras elegantes no siempre son sinceras y las palabras sinceras no siempre son elegantes”, la etiqueta y la elegancia son falsas si sólo sirven para quedar bien, si el estilo original de original tiene sólo el nombre porque no nace de uno mismo sino de copiar a los demás, y es que “aunque el mono se vista de seda… mono se queda”, luego la invitación es a valorar más al mono que sí abraza que a la seda que asfixia y no tiene esencia.
El Poder es muy llamativo porque ha sido (y es) tanta la sumisión y la inercia, que los seres inferiores apelan a lo que sea para tratar de subirse encima de los demás, en un caldo de cultivo en donde los principales ingredientes son: la ignorancia, la mínima postura crítica (distinta a la protesta sin propuesta y pa' rematar excluyente) y su majestad, el cortoplacismo, para que así, dichos seres inferiores, puedan verse más altos a sí mismos y tener su cuarto de hora de dominio. Pitaco de Mitilene decía: “Si queréis conocer realmente a un hombre, revestidlo de un gran poder” (hasta hace poco tenía la idea de que esto lo decía Lincoln, lo cual es factible porque el tipo leía bastante, pero ya averigüé en la red y asumiéndolo como verdad tras el resultado de contrastar más de 5 referencias independientes, pienso que en efecto fue el Sr. Pitaco), el punto es que a pesar de haberlo entendido desde la primera vez que lo escuché, no me deja de sorprender cuanto aplica, ya sea en el sur, en el norte, en la derecha o en la izquierda, pero lo que cada vez me sorprende menos, es saber que la estrategia es la misma, y que de tanto repetirla se valida, se acepta y se asume. Así pues y siguiendo con las frases célebres, traigo a colación dos que al igual que la primera, fueron sujetas a varios paseos por wikipedia, encarta, proverbia, google y yahoo, y que entiendo dijo nada más y nada menos que 'un tal' Simón Bolivar, la primera: “vosotros veis a los españoles más grandes porque los miráis arrodillados”, nada que decir al respecto, sólo que no hay seres superiores sino seres sumisos. Y la segunda también del libertador, -quien jamás se arrodillaba-: “Huid del país donde uno solo ejerce todos los poderes: es un país de esclavos.”… en fin, seguramente no invitaba a huir por el miedo de quien ejerce y tiene el poder, sino que invitaba al exilio por la decepción producto de la mediocridad de quienes se dejan esclavizar. El poder entonces, como circunstancia en la que de una u otra forma tenemos la potestad de decidir sobre, por y para los demás, se convierte en un vicio que degrada a las personas y las hace dependientes de sumisión, las hace inseguras de caminar a la misma altura que todos, las hace miedosas y clasistas, divide el mundo en norte y sur, en buenos y malos, en ricos y pobres, en amos y esclavos, en simples y mamertos, en uno y en los demás, en nosotros y en ellos... cuando la naturaleza, el aire y el mar se hicieron para todos, cuando la vida sólo separa, -no a los que tienen y a los que no-, sino a los que son de los que no son, es decir, los que son corazones vivos de los que renunciaron sin luchar. La necesidad de poder es pues la necesidad de verse más alto, es la necedad de no ser valioso per sé sino valioso por la cantidad de miedosos que le sigan... '¡huy si... que gran muestra de poder!' (es ironía, por supuesto)
La Plata, el Ag, el dinero, el centavo, las barras, el "billullo", los verdes, etc., el vil metal por el que todos tenemos precio, el vil metal con el que se compra el poder y la presencia, la razón de ser de la vida de muchos y la razón de la muerte de otros tantos... recuerdo que cuando mi padre se fue me dijeron una expresión tan dolorosa que casi no me la puedo sacar de mi mente, y casi no puedo reaccionar frente a la misma: “uno es plata”, ¿plata?, y ¿cuánto vale no volver a abrazarlo en los cumpleaños?, ¿cuánto vale no volver a escuchar su voz y su risa?, ¿cuál es la tasa de cambio por carcajada que no volveré a escuchar?, qué irónico que la sociedad se mueva en función de mentiras (la especulación en la bolsa, y los 'pálpitos' de los que compran y venden papeles llamados acciones) pero pida a gritos rescatar los valores. El día que honestamente volvamos a sentirnos felices, libres y valiosos, tengamos o no plata en el bolsillo, o mejor, el día en que podamos valer nuevamente -como lo hacen los niños-, infinitamente más de lo que tengamos en los bolsillos, ese día tendremos autoridad moral para enseñar, para guiar y para ser respetados, ¿por qué?, porque de lo contrario sin cultura, visión, pensamiento social, sistémico, incluyente de todas las orillas, prospectivo y largoplacista, cualquier imbécil que tenga los bolsillos llenos de plata seguirá siendo más respetado que quienes no los tengan llenos... y si no es así, que lo digan los bancos que crean y cobran intereses de la nada y por prestar e inventarse sumas en las cuentas de la gente, y no por transformar algo ni mucho menos por generar valor agregado real, si no, que lo digan desde aquellos meseros que sólo atienden bien y a quien sea en función de la propina, hasta las pseudo aspirantes a 'reinitas' que empiezan siendo creídas, pasan a ser dependientes de la aprobación de los demás y terminan de pre-pago entre las piernas del levantado más atarván y violento que, a propósito, como pseudo aspirante a macho alfa mafioso, es la mayor muestra de lo que degrada el dinero. Y si no, -y sin ir tan lejos-, que lo digamos nosotros mismos que desperdiciamos nuestra esencia para conseguir dinero, para comprar y pagar con nuestro tiempo y vida los intereses de aquellos que de una u otra forma montaron este escenario que nos maravilla estupidamente y en el que a pesar de eso no dejamos de creer.
La Presencia, más que el hecho en sí mismo de estar en algún contexto, hace referencia a la belleza social y por ende a la aceptación social, a aquella que tiene que ver con cumplir con los referentes del físico, de la moda, del estilo y de las relaciones con otros. El Poder, es de una u otra forma la capacidad de hacer lo que uno quiera, pero más que eso (porque eso no está mal si se es grande), el poder se entiende como que los demás hagan lo que uno quiera, es algo así como sentirse Dios o tal vez sean los rezagos y la necesidad de ser amos tras siglos de esclavitud. Por último, la Plata, el “vil metal”, que en principio se creó como una estrategia más práctica y holística de intercambio comercial, se convirtió en sí misma en la razón de ser del esfuerzo, de la dedicación y de la realización y vida de las personas. :(
Bien, la Presencia, que debe venir de pre-esencia o lo que esté antes de la esencia (no se si sea cierto pero me parece genial para lo que quiero decir) viene a ser como la fachada, que claro, genial que sea bella y más que eso transparente (como cuando nacimos), y de hecho así es cuando dicha belleza es consecuencia de la esencia, y no a pesar de la esencia. Imaginemos por un momento que todos somos “perfectos” desde el punto de vista de la moda y todo eso, todos iguales, de vitrina, sin elementos que nos diferencien, ¿será que ahí si la fachada vuelve a ser fachada y empezamos a buscar dentro?, o de tanto luchar por la fachada ya se nos habrá olvidado lo que trasciende y nos terminemos preguntando ¿y esto para qué sirve?. ¿Han visto el video de la mujer que no tiene brazos y que hace todo con los pies?, que podría incluso hasta dispararse si fuera tan, pero tan simple como las personas (de)pendientes de vomitar todo el tiempo para que otras personas (peor de simples) las acepten. Parece que lo valioso hoy por hoy increíblemente es eso, y es así de manera lógica porque lo vacío no tiene nada que ofrecer, porque sumar fachadas da la “apariencia” de profundidad y crea la bien ponderada masa, porque como no hay nada por dentro, o mejor, porque como nos hemos encargado de matar todo lo que teníamos cuando nacimos, no vale la pena hacer el esfuerzo de mirar para dentro o pensar lo valioso de otra forma. ¿Han visto acaso el video del señor que tampoco tiene brazos y que es guitarrista y que hasta el Papa se quedó sin palabras al verlo?, ¿han visto el video del señor que baila salsa y que le falta una pierna?, ¿quién creen ahora que es grande?, ¿el de la vitrina o el que está por encima de eso?, para mi, más grandes aún que estas personas, que son ejemplos de vida, son aquellos que son lo suficientemente inteligentes para crecer al lado de ellas, a pesar de la fachada y del peso de la sociedad, y para mi es así porque son capaces de mirar dentro, y desde adentro, ver más lejos que lo obvio. Recuerdo también una frase que leí de Lao-Tse: “las palabras elegantes no siempre son sinceras y las palabras sinceras no siempre son elegantes”, la etiqueta y la elegancia son falsas si sólo sirven para quedar bien, si el estilo original de original tiene sólo el nombre porque no nace de uno mismo sino de copiar a los demás, y es que “aunque el mono se vista de seda… mono se queda”, luego la invitación es a valorar más al mono que sí abraza que a la seda que asfixia y no tiene esencia.
El Poder es muy llamativo porque ha sido (y es) tanta la sumisión y la inercia, que los seres inferiores apelan a lo que sea para tratar de subirse encima de los demás, en un caldo de cultivo en donde los principales ingredientes son: la ignorancia, la mínima postura crítica (distinta a la protesta sin propuesta y pa' rematar excluyente) y su majestad, el cortoplacismo, para que así, dichos seres inferiores, puedan verse más altos a sí mismos y tener su cuarto de hora de dominio. Pitaco de Mitilene decía: “Si queréis conocer realmente a un hombre, revestidlo de un gran poder” (hasta hace poco tenía la idea de que esto lo decía Lincoln, lo cual es factible porque el tipo leía bastante, pero ya averigüé en la red y asumiéndolo como verdad tras el resultado de contrastar más de 5 referencias independientes, pienso que en efecto fue el Sr. Pitaco), el punto es que a pesar de haberlo entendido desde la primera vez que lo escuché, no me deja de sorprender cuanto aplica, ya sea en el sur, en el norte, en la derecha o en la izquierda, pero lo que cada vez me sorprende menos, es saber que la estrategia es la misma, y que de tanto repetirla se valida, se acepta y se asume. Así pues y siguiendo con las frases célebres, traigo a colación dos que al igual que la primera, fueron sujetas a varios paseos por wikipedia, encarta, proverbia, google y yahoo, y que entiendo dijo nada más y nada menos que 'un tal' Simón Bolivar, la primera: “vosotros veis a los españoles más grandes porque los miráis arrodillados”, nada que decir al respecto, sólo que no hay seres superiores sino seres sumisos. Y la segunda también del libertador, -quien jamás se arrodillaba-: “Huid del país donde uno solo ejerce todos los poderes: es un país de esclavos.”… en fin, seguramente no invitaba a huir por el miedo de quien ejerce y tiene el poder, sino que invitaba al exilio por la decepción producto de la mediocridad de quienes se dejan esclavizar. El poder entonces, como circunstancia en la que de una u otra forma tenemos la potestad de decidir sobre, por y para los demás, se convierte en un vicio que degrada a las personas y las hace dependientes de sumisión, las hace inseguras de caminar a la misma altura que todos, las hace miedosas y clasistas, divide el mundo en norte y sur, en buenos y malos, en ricos y pobres, en amos y esclavos, en simples y mamertos, en uno y en los demás, en nosotros y en ellos... cuando la naturaleza, el aire y el mar se hicieron para todos, cuando la vida sólo separa, -no a los que tienen y a los que no-, sino a los que son de los que no son, es decir, los que son corazones vivos de los que renunciaron sin luchar. La necesidad de poder es pues la necesidad de verse más alto, es la necedad de no ser valioso per sé sino valioso por la cantidad de miedosos que le sigan... '¡huy si... que gran muestra de poder!' (es ironía, por supuesto)
La Plata, el Ag, el dinero, el centavo, las barras, el "billullo", los verdes, etc., el vil metal por el que todos tenemos precio, el vil metal con el que se compra el poder y la presencia, la razón de ser de la vida de muchos y la razón de la muerte de otros tantos... recuerdo que cuando mi padre se fue me dijeron una expresión tan dolorosa que casi no me la puedo sacar de mi mente, y casi no puedo reaccionar frente a la misma: “uno es plata”, ¿plata?, y ¿cuánto vale no volver a abrazarlo en los cumpleaños?, ¿cuánto vale no volver a escuchar su voz y su risa?, ¿cuál es la tasa de cambio por carcajada que no volveré a escuchar?, qué irónico que la sociedad se mueva en función de mentiras (la especulación en la bolsa, y los 'pálpitos' de los que compran y venden papeles llamados acciones) pero pida a gritos rescatar los valores. El día que honestamente volvamos a sentirnos felices, libres y valiosos, tengamos o no plata en el bolsillo, o mejor, el día en que podamos valer nuevamente -como lo hacen los niños-, infinitamente más de lo que tengamos en los bolsillos, ese día tendremos autoridad moral para enseñar, para guiar y para ser respetados, ¿por qué?, porque de lo contrario sin cultura, visión, pensamiento social, sistémico, incluyente de todas las orillas, prospectivo y largoplacista, cualquier imbécil que tenga los bolsillos llenos de plata seguirá siendo más respetado que quienes no los tengan llenos... y si no es así, que lo digan los bancos que crean y cobran intereses de la nada y por prestar e inventarse sumas en las cuentas de la gente, y no por transformar algo ni mucho menos por generar valor agregado real, si no, que lo digan desde aquellos meseros que sólo atienden bien y a quien sea en función de la propina, hasta las pseudo aspirantes a 'reinitas' que empiezan siendo creídas, pasan a ser dependientes de la aprobación de los demás y terminan de pre-pago entre las piernas del levantado más atarván y violento que, a propósito, como pseudo aspirante a macho alfa mafioso, es la mayor muestra de lo que degrada el dinero. Y si no, -y sin ir tan lejos-, que lo digamos nosotros mismos que desperdiciamos nuestra esencia para conseguir dinero, para comprar y pagar con nuestro tiempo y vida los intereses de aquellos que de una u otra forma montaron este escenario que nos maravilla estupidamente y en el que a pesar de eso no dejamos de creer.
Y es que una cosa es prepararse y trabajar estratégicamente -y sin negociar los principios- para lograr objetivos trascendentes, y otra muy distinta es creerse el cuento barato de que las tres P's son sinónimo de éxito y de realización, pues 'el sino triple P' es un destino trágico, es una ruta de muerte y de frustración, pero sobre todo es un camino descontextualizado de nuestras diferencias, potencialidades y complementariedades, que se olvida de la felicidad, de la trascendencia y del crecimiento, y por lo mismo es un sino que debemos cambiar, y si el amor por los que vienen, y por los que amorosos ya están acá y están confiando en nuestra visión adulta, es un buen amor, debemos transformar ese sino maldito en algo que esté a la altura del amor que les decimos que les tenemos.
Que no nos quedemos entonces con el coro de Charly y Nito: “para quien canto yo entonces…”