Si el amor y la paz fuesen excluyentes,
preferiría el amor,
porque al final la paz nos acompañará al marcharnos.
Si el amor y el poder fueran excluyentes,
preferiría el amor,
porque al final el poder es sólo una perspectiva y una circunstancia.
Pero como el amor y la paz no son excluyentes,
prefiero el amor,
prefiero amar bien y sin medida
porque sé que lo único que no se recupera
es lo mágico del tiempo perdido.