miércoles, julio 02, 2008

El único pecado es robar…

“Existe un solo pecado y ese es robar. Todos los demás pecados son simplemente variaciones de robar. ¿Entiendes? Cuando matas a un hombre, robas una vida. Le robas a su esposa el derecho de tener un esposo, a sus hijos el derecho de tener padre. Cuando dices una mentira, le robas a alguien el derecho a la verdad. No hay acto más despreciable que robar.”


El anterior es un diálogo de la película ‘Cometas en el cielo’, dirigida por Marc Forster en el 2007, y que es una adaptación al cine de la novela ‘The kite Runner’, escrita por el exiliado afgano-americano Khaled Hosseini…, obviamente todos esos datos los conseguí en la ‘telaraña’, porque de crítico de cine no tengo nada, pero sí de persona honesta que no le ‘roba’ los créditos a nadie.

El punto es que ese diálogo me recordó dos cosas que alguna vez leí y que quiero compartir, la primera, una frase del escritor español Fernando Savater en su obra ‘Ética para Amador’, en la que luego de traer a colación la historia bíblica en la que Jacob le intercambia la primogenitura a su hermano Esaú por un plato de lentejas, Savater le plantea a su hijo (Amador) que la única obligación que tienen los hombres en la vida es la de ‘no ser imbéciles’. La otra es una historia, -que no estoy seguro si es de Gibrán-, que trata sobre un rey que le solicita a los ‘sabios’ de su reino establecer las leyes a partir de los hechos deplorables, pero que se asombró tanto cuando dichos ‘sabios’ llegaron con cientos de leyes, que decidió expulsarlos de su reino, para luego establecer sólo 7 leyes para 7 posibles crímenes… como si en la medida en la que nos inventemos más leyes, creamos más crímenes…

Con el riesgo de perder mucha trascendencia, porque generalmente eso pasa con la traducción de los idiomas orientales -en este caso el afgano-, al inglés y luego al español, pienso que es muy válido el que sólo existe un crimen (más que un pecado) y este es robar, pero lo interesante es que si bien es cierto la implicación obvia de dicho crimen es la interacción con el otro (formas de construir o destruir una sociedad y una cultura) también es cierto algo que no es tan obvio, y es que también afecta a quien lo ejecuta, y no porque vaya o no a ser castigado, sino porque robar es robarse a sí mismo, por ejemplo quien le roba la libertad a alguien, se roba a sí mismo la oportunidad de ser respetable, quien con artimañas engaña, no sólo le está robando al otro la oportunidad de conocer la verdad, sino que al mismo tiempo, -y quien sabe a qué precio-, se está robando a sí mismo la posibilidad de construir con el otro y crecer a partir de realidades, limitándose a la pobre sensación de ‘verse más alto’ a costa de pararse encima de los demás, como lo hacen los seres más despreciables y débiles, es decir, aquellos quienes no logran sus metas a partir de su empeño y de sus sueños, sino en función del hundimiento de los demás… supongo que es la decisión que cada quien toma entre ser grande o ser cortoplacista.

Hacer el ejercicio de observar todos los actos malos como robos, debería, más que generar un pesimismo mamerto y resentido, plantear la posibilidad de reflexionar y de ser conscientes de los propios pensamientos y actos, y de establecer (si no se ha hecho) un proyecto de vida trascendente y armónico con los pares, incluyendo entre estos, tanto a la naturaleza como al tiempo, de manera que quienes nos sigan queden amorosamente unidos a nuestros corazones y sepan algún día de un amor verdadero mayor al dinero y al esquema triple P.

Si sólo hay un crimen y este es robar, habrá por lo menos un ‘anti-crimen’, -que es otra forma de comprender los principios universales y/o los valores morales-, y este es el ser honesto, donde, al igual que en el caso de robar, el acto de ser honesto afecta tanto al otro como a sí mismo. Ahora, la honestidad, que puede entenderse como la verdad, no se encuentra fácilmente en la primera observación, muchas veces se logra sólo después de algunas preguntas profundas, de algunos porqués escalonados, y de conocerse a sí mismo en contexto, es decir, de hacer el ejercicio que le plantea Savater a Amador, el ejercicio de no ser imbéciles tragando entero el cortoplacismo de lo mediático (de los medios masivos), ni inventándose, ni creyéndose justificaciones para cada necesidad puntual y particular.

Hay que ver pues, lejos en el horizonte, hay que vivir, y más que vivir, construir el presente, pero también hay que pensar, y asumir el largo plazo y las implicaciones de todos los actos y de todas las palabras que construimos en cada instante. La tristeza no puede ser absoluta si hay luz en el horizonte, pero la alegría tampoco puede ser completa si quedan cosas por hacer, y hay que ser responsables con las palabras y los actos por lo que queda por venir, por el porvenir.